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Sobre bacas y vurros

No, no se trata de una aberración ortográfica ni mucho menos de nuevos animales dentro de nuestra fauna doméstica. En realidad hago alusión a un fenómeno muy curioso y, por lo visto, bastante extendido pues lo creía privativo de Cuba y compruebo que acá, en México, sucede exactamente lo mismo.

Como suele acontecer cuando las pifias se constatan gracias a la televisión, un medio tan poderoso en su concepción de “mass media”, la propagación del error viene a ser inmediata y, por si no bastara, nociva desde dos aristas paralelas. La primera, en escala cuantitativa, por el elevado número de personas que asisten al descalabro; y la segunda, quizás bastante peor, por la intrínseca y equívoca idea de que cuanto aparece en la pequeña pantalla fue previamente revisado, editado o, mínimo, que las personas encargadas de conducir determinado programa cuentan con el acervo cultural necesario para desempeñar sus obligaciones, máxime si ese programa pone a prueba el conocimiento de ciertos concursantes.

Así sucedió con “Hasta el hoyo”, que se transmite los jueves en la noche a partir de que su conductor estelar, Eduardo Videgaray, impartiera las instrucciones a una de las competidoras. Todas las respuestas que ella debía dar en el duelo final comenzaban con (¡así dijo!) “be”, y casi al instante agregó: “be de vaca”. Entiéndase, y esto lo digo yo, “uve”.

La pobre “v” es una de esas consonantes que tienen en riesgo su propia identidad. Así también se encuentran la “y” a quien pocos llaman “ye”, sino “i griega”, o la “ll”, de la cual muchos ignoran su nombre —“elle”— para ser reducida a una “doble ele”, o sea, otra letra duplicada. Y claro, la tristísima “dobe uve”, que a su original dependencia con la “v” nota cómo la denominan “doble be” o “doble u” a costa de que mañana algún vurro, —sí, con “be de vaca” para ser consecuente con el tema— la escriba como “bb” o “uu”.

Ignoro si afortunada o desdichadamente porque apunta a un error generalizado, pero la muchacha que debía contestar entendió perfectamente. Es decir, que para ella, al igual que para muchos, la “uve” no existe… hay dos “be”. A mí, en lo personal, se me hace bastante enredado llamar a una consonante por el nombre de otra y, para colmo, tener que distinguirlas.

Finalmente, la joven perdió el duelo. Pero considero injusta la decisión de que fuera arrojada sola por el hoyo. En cuestiones de ignorancia el conductor debió acompañarla en su caída al bacío, al vacío… en fin.

 

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