Literatura y deporte
Es curioso que la representación esquemática de los escritores en la conciencia colectiva —podría decirse que de los artistas en general— los ubica con una anatomía desnutrida, excéntricos de carácter, devoradores de libros y apáticos a casi cualquier actividad física, lo cual incluye a la inmensa mayoría de los deportes.
Los casos probados donde esta premisa no funciona suelen tomarse por la dichosa excepción que avala la regla. Ahí está, por ejemplo, Ernest Hemingway, aficionado a la cinegética, la pesca, la tauromaquia y el boxeo. Su pasión era tanta por este último caso que en cierta pelea donde su púgil favorito lo hacía muy mal, a Hemingway le molestó el pobre desempeño del mismo y subió furioso al ring para él mismo terminar la riña, enseñándole “cómo se hacía”… y ganó.
¿Pero qué hay de Jack London? Dos de sus mejores cuentos también están ligados al deporte de los guantes y los puños. “Un pedazo de carne” y, por supuesto, “El mexicano”, son historias que significan un acercamiento al las cuerdas desde una perspectiva poco usual.
Hoy en día, el escritor cubano Leonardo Padura, autor de la reconocida novela Máscaras, si bien hasta el momento no ha movido su pluma a favor del deporte, sí se ha declarado seguidor acérrimo del equipo de béisbol Industriales, representativo de la Ciudad de La Habana.
Así pues, podemos ir echando abajo ese raro (e impuesto) divorcio entre los atletas y los creadores. Unos y otros son los máximos representantes de facetas que mueven y entusiasman a la sociedad. Ya sea por el grito de gooool o por la lágrima que se desprende desde un poema.
Sin embargo, no se trata únicamente de artistas y deportistas. Al otro lado de la cancha, en el público, hay algo que une mucho mejor a los escritores con los grandes fanáticos. Es el poder de soñar. De ver aquello que otros no, aún cuando se trate de un tema que muchos consideran paupérrimo y al final resulta una obra maestra o de contar con la fe necesaria para esperar más de una década hasta que un equipo mediocre de béisbol se convierta en la metáfora exacta de la cenicienta deportiva. Así que muy a tono con el paradigma: go go Rayas de Tampa Bay … ¡adelante! |