¿Blanco, negro, rey, leyenda?
No olvido una de esas cadenas de correo que siguen molestándonos a muchos donde se reflexionaba sobre quienes vivieron a plenitud las décadas del setenta, el ochenta y las diferencias que existen entre sus vivencias cuando se comparan con las que defienden los muchachos que actualmente inundan nuestras preparatorias o universidades. Entre esas comparaciones recuerdo que para los jóvenes actuales los patines siempre fueron lineales; quizás no piensen en un tiburón sangriento cuando van al mar, pero los corroe la fatalidad de un hundimiento como el del Titanic; y Michael Jackson, el rey del pop, era un blanco que cantaba, bailaba y saltaba en los escenarios.
Hilaridad a un lado, desde esa perspectiva, son muchas las preguntas que rodean la vida —y ahora, también, la muerte— de Michael Jackson. Claro que nadie se va a cuestionar si era negro o blanco, tampoco si la corona le correspondía o no, pero otras dudas pesarán para siempre sobre su memoria, la mayoría de ellas no del todo favorables.
Como músico su valor es incuestionable. Revolucionó la manera de hacer arte, especialmente con la fuerza que le imprimió al video clip —verdaderas mini ficciones— cuando hasta ese momento, sólo se utilizaban para apoyar a los cantantes de tránsito.
Su metamorfosis cutánea —llamémosle así— puede quedar como símbolo de sus intenciones renovadoras. La transformación de negro a blanco resultó la comidilla de los medios y sus fans aun cuando se justificaba por la aplicación de fármacos que utilizaba para paliar cierta enfermedad y que tenía por efecto secundario la palidez de su piel. Sin comentarios por ese lado, lo cierto es que con su música rompió barreras raciales y generacionales.
Fue capaz de lanzar temas que defendían la naturaleza, la paz, el amor o, curiosamente, solazar el pandillerismo y hasta los muertos. Fusiones que nadie se había arriesgado a hacer y que, todavía en la actualidad, más de uno lo pensaría para barajarlo en un mismo disco.
Desafortunadamente, su presunta implicación en abusos sexuales contra menores de edad aunada a la proliferación de sus excentricidades serán un lastre que lo acompañarán por siempre. Si acaso la única compañía con que cuente en realidad pues, al otro lado de los gritos, lágrimas y aplausos de sus millones de seguidores, tuvo que confesar en cierta ocasión que el rey del pop era el hombre más solo del mundo. |