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La realidad de nuestra ficción

Muy a propósito del asunto de los géneros literarios y su cuestionada subvaloración, al menos en el caso de algunos de ellos, como la fantasía o la ciencia ficción, propuestas que se apartan del meanstream en el que se circunscribe el grueso de los escritores “serios” —y las comillas, por supuesto arrastran toda la ironía del mundo— quisiera hacer notar cierto detalle circunstancial que da al traste con buena parte de los argumentos que esgrimen los detractores de tal tipo de literatura.

Para la mayoría de estos circunspectos críticos, el realismo es la savia que sustenta sus ataques. Con ellos, la relación inequívoca entre lo que se plasma en las páginas de un libro y nuestra cotidianidad apuntala la valía misma de la obra.

Sus razones pueden ser convenientes, mas no la óptica vetusta con que se acomodan para defenderlas. Por sólo citar el caso de la ciencia ficción, busquemos en El shock del futuro, —¡año 1971!— de Alvin Toffler, un acercamiento más adecuado a nuestra supuesta realidad. Para el doctor en leyes, letras y ciencia, los cambios que hoy experimentamos son sólo comparables con la descripción de su primera ola evolutiva y señala a otros grandes que concuerdan con su hipótesis. Dice Toffler que Sir George Thomson, físico británico, ganador del Premio Nobel, indica, en El futuro previsible, que el hecho histórico que más puede compararse con el momento actual no es la revolución industrial, sino más bien “la invención de la agricultura de la edad neolítica”. John Diebold, experto en automatización, advierte que “los efectos de la revolución tecnológica que estamos viviendo serán más profundos que los de cualquier cambio social producido con anterioridad. Y Sir León Bagrit, fabricante inglés de computadoras, insiste en que la automatización representa, por sí sola, “el mayor cambio en toda la Historia de la Humanidad”.

Una de las más sorprendentes declaraciones sobre esta cuestión se debe a Kenneth Boulding, eminente economista y sagaz pensador social. Justificando su opinión de que el momento actual representa un punto crucial de la historia humana, Boulding observa que, “en lo que atañe a muchas series estadísticas relativas a actividades de la Humanidad, la fecha que divide la historia humana en dos partes iguales está dentro del campo del recuerdo de los que vivimos”. Efectivamente, nuestro siglo representa la Gran Línea Divisoria en el centro de la historia humana. Y así, afirma: “El mundo de hoy es tan distinto de aquel en que nací, como lo era éste del de Julio César. Yo nací, aproximadamente, en el punto medio de la historia humana hasta la fecha. Han pasado casi tantas cosas desde que nací, como habían ocurrido antes.”

A partir de estos argumentos, sólo restan un par de pregunta: ¿conocemos qué es la realidad y qué es la ficción? ¿Estamos preparados para cualquiera de las dos? A ustedes dejo la respuesta.

 

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