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Arte XXI... ¿algo que anotar?

Todo va a cambiar. Así dicen artistas e intelectuales cada vez que el término “tecnología” entra en escena. La gran variedad de tendencias creativas que se mueven en el ámbito del siglo XXI parecen echar por tierra todo atisbo de ingenio salido de épocas pasadas.

Desde la posibilidad de gestionar la novela infinita de Borges hasta la facilidad con que se fusionan imágenes y textos al momento de hacer literatura —no siempre con el éxito que se ansía— son elementos que apuntan a la destrucción del canon cultural que hasta hoy se había preestablecido.

Las zonas más o menos recurrentes no tendrían cabida ante un universo que constantemente se reestructura poniendo al alcance del artista avezado nuevas estrategias —entendidas como una sarta de musas vírgenes y trastocadas— cuyo único interés se descuelga de la necesidad de sorprender al receptor moderno con algún detalle inédito.

Curiosa manía en escritores, artistas plásticos —cada vez más inclinados al performance digital—, músicos y toda clase de bichos creativos que olvidan los cimientos sobre los que se erige el arte.

La permanencia de temas atávicos como el amor o la muerte; sentimientos humanos que trascienden los siglos, la amistad, digamos; los mismo valores morales que impulsaron a viejos caballeros a enfrentar otros no menos viejos dragones, el honor, la gallardía; las debilidades humanas que afloran de vez en vez, la envidia, la cobardía; caos de rasgos arquetípicos que nos describe como seres vivientes y, a veces, racionales.

Mientras nuestra esencia no varíe, mientras las preocupaciones de incas y arcanos se mantengan, el objetivo cimero de toda manifestación artística quedará incólume.

Variarán las maneras de alcanzarlo. Así sucedió con la aparición de la imprenta, de la fotografía... ahora de Internet o las obras multimedias. No importa si el discurso transmuta su lenguaje, siempre y cuando el mensaje subsista. ¿Qué más da las múltiples modas que adopte una mujer hermosa si cada vistazo masculino terminará por ser una ventana a la imaginería que la desnuda?

En el arte, cada vez que el término “tecnología” entra en escena, debe venir acompañado por la médula de su creador. Esa que se encontró en los huesos de nuestros maestros. Cuando entendamos esta simple relación, podremos asegurar que, en realidad, nada va a cambiar.

 

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