A la rurru niño, a la rurru ya
Ya se sabe que la vida es un sube y baja (idéntico al juego de los niños). A veces nos toca estar un ratico abajo, a veces un ratico arriba. Sin embargo, la armonía que esta alternancia impone y que exige directamente resignación por parte nuestra, como seres humanos que somos, poco o nada le debe al “estira y encoge” de los aspirantes perredistas volcados aún en una vetusta y aburrida campaña electoral que amenaza con dejarlos ya no sin presidente, sino además, sin partido ni seguidores dentro de la ciudadanía.
Luego que, con apenas un poco más del ochenta y seis por ciento de los votos contados, la Comisión Nacional de Garantías del PRD le otorgara la victoria a Alejandro Encinas, pupilo directo —sino figurín a ultranza— de otro que no ha logrado subir luego de su estrepitosa caída postelectoral, Andrés Manuel López Obrador, el aspirante opositor a la máxima dirigencia del partido del sol azteca, Jesús Ortega, rápidamente negó que la cifra preliminar emitida resultara determinante y dirigió su reclamo al Trife para que impugnara los resultados.
Sin embargo, fue el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación quien se encargó de aprobar un proyecto de resolución mediante el cual se ordenaba a la susodicha Comisión Nacional de Garantías del PRD contar la totalidad de votos para determinar al ganador de la contienda electoral en ese partido. ¿Resultado?
Pues que ya no es Encinas sino Ortega el virtual ganador y, con la otra cara de la moneda en el aire se repite el mismo espectáculo desde el ángulo contrario. Mientras el primero asegura que habrá impugnación —otra vez a los efectos del proceso—, el segundo pide que se acepte el fallo —ídem—.
La pregunta es ¿qué papel juegan el Trife, el TEPJF y cuanto organismo se escude en siglas so pretexto de representar las reglas de juego de cualquier proceso electoral? Si en la práctica no cuentan con el poder necesario y la autonomía imprescindibles para hacer respetar sus dictámenes ¿de qué vale entonces su mera existencia? Lo que es aún peor, si no poseen siquiera la capacidad para llevar a cabo el ejercicio por el cual fue creado, repito, ¿a qué tanto salario malgastado?
Posiblemente del análisis sólo se rescate una vez más el término “juego”, pues eso parece el caos organizativo, legal y judicial que impera dentro de la cúpula perredista y que ha atraído a su cráter otras entidades colindantes. Puro divertimento para infantes pues los actores de esta bufonada bien pueden ser considerado niños, sí, pero sin la inocencia que a los verdaderos distingue ni la posibilidad de que maduren según pase el tiempo.
Para demostrarlo ahí está el párvulo mayor, Obrador, encargado de mover hilos a espalda de la ciudadanía y acelerar presiones desde que, a finales de 2006, alguien le arrebatara el biberón con que pensaba engordar en Los Pinos. A partir de ese instante, sencillamente, no ha dejado de chillar. |