¡Obama sí!… ¿Y luego qué?
Las palabras del aspirante a la Casa Blanca, Barack Obama, parecen definitorias. “Esta noche puedo pararme frente a ustedes y decirles que yo seré el candidato demócrata para luchar por la presidencia de los Estados Unidos”. Aún cuando, con la sutileza que lo ha caracterizado durante toda la contienda y que le evita dar tropiezos innecesarios, el senador por Illinois se cuidó hablando en futuro, al mismo tiempo que su contrincante, Hillary Clinton, anunció que todavía consultaría con sus seguidores y líderes del partido sobre su siguiente paso a dar (básicamente se trata de continuar en la campaña a pesar de las casi nulas posibilidades o apoyar a Obama con la esperanza de ser presentada posteriormente como vicepresidenta), el panorama político de la más poderosa nación en el orbe aparenta quedar despejado en lo relativo a los dos contendientes que han de lidiar por su dirigencia.
Ambos tienen puntos a favor. Mientras John McCain, en el bando republicano, ha tenido tiempo suficiente para organizar su estrategia con vistas a la campaña nacional y su imagen no ha sido tan vapuleada (por la rapidez con que aventajó a sus adversarios), es sin lugar a duda Obama, el candidato que representa en mejor medida un verdadero cambio dentro de los Estados Unidos. El éxito de este último se debe a varios factores. Recientemente BBC enumeró algunos de ellos, entre los que destacan la dicotomía presentada por su raza pues ser hijo de padre negro le ha otorgado el apoyo de los afroestadounidenses y, al mismo tiempo, al no basar su discurso en el dilema étnico, la población blanca no se siente amenazada. Su comportamiento "magisterial" sintoniza con el humor del momento, urgido de una guía a cualquier precio. Es capaz de captar la atención de los medios al punto que criticarlo hace poco atractivo a quien se arriesga. Incluso alega el rotativo que su agradable apariencia física y contar con apenas cuarenta y seis años le favorecen en buena medida.
Razones vienen, razones van… y aún queda mucho por andar pues McCain es un hueso duro de roer. No debe olvidarse que el senador por Arizona estuvo a punto de abandonar la contienda y luego tuvo un repunte casi milagroso que hoy lo tiene de mano con el afroamericano.
No obstante, la sed por notar lineamientos gubernamentales distintos a los acostumbrados puede ser crucial al final de esta ardua carrera. En ese sentido sale a relucir el libro "Un hombre negro en la Casa Blanca" publicado en 1963 por E. Frederic Morrow, el primer político negro que llegó a convertirse en asesor presidencial.
Ahora, décadas después, pudiera escribirse otro similar firmado por el primer presidente estadounidense en la historia de la misma raza. Cuestión de dejar pasar los días. |