El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Edgar London INICIO INICIO
 
   
...mis reflexiones
...el Top 9 de los lectores
...nuevos proyectos
... algunas noticias
...galería personal
 

Recomendados

 

 

¿Aló, presidente?

No, no se trata en lo absoluto de un cúmulo de reflexiones en torno al programa radial de Hugo Chávez, aun cuando Venezuela bien pudiera prestarse solita para discutir su tendencia monopolista de estado en las últimas fechas y las repercusiones que tiene para México la estatización de Cemex en suelo bolivariano tras saber, además, que el próximo objetivo parece ser el Banco de Venezuela, ahora en manos del grupo español Santander, aunque quién sabe por cuánto tiempo.

En realidad es otro hecho el que me gana esta vez el corazón y que definitivamente significa una buena noticia para mí, como latinoamericano, y para todos los mexicanos por tratarse de una medalla de oro olímpica que ya se extrañaba desde hace ocho años por acá, por tierra azteca. Claro que hablo de la victoria en taekwondo —categoría de 58 kilogramos— de Guillermo Pérez.

No sé hasta que punto sería exagerado afirmar que los gritos de júbilo de sus paisanos se lograron escuchar allá, en Beijing. Puede que alguien me tilde de orate y, a pesar de que pudiera tener razón, pienso de cualquier manera que si, como dijera el pequeño príncipe, lo esencial es invisible para los ojos y no se ve bien sino con el corazón, entonces también se puede oír de idéntico modo. En tal caso, Pérez sí que nos escuchó.

Lo que me causa estupor es la rapidez con que el presidente Felipe Calderón llamó al atleta para felicitarlo. Claro que es muy bueno saber que el máximo líder de la nación se despierta temprano para cumplir con parte de sus responsabilidades morales. Sin embargo, pregunto ¿sabe Calderón las condiciones en que se entrenan los deportistas de su propia nación? ¿Acaso estaban al tanto de ello las administraciones que le precedieron? ¿Pensará que con una llamada telefónica puede ocultar las necesidades de esos hombres y mujeres que se esfuerzan por poner en alto el nombre del país que él dirige?

Sea cual sea la respuesta —que muchos sí conocen a la perfección— es evidente que el deporte no se encuentra, ni se ha encontrado, en las primeras páginas de la agenda de las últimas administraciones. Algo que mueve a la reflexión porque en el sexenio que ahora vivimos nos tocarán dos olimpiadas.

Tengamos pues la esperanza —y hagamos la necesaria presión— para que la acción del presidente no quede relegada a un minuto de felicitaciones vía celular. Ojalá que el oro de Guillermo Pérez promueva cambios en la política a seguir para favorecer el desarrollo del deporte en México y los recursos que le hacen falta. No sea que al final de su carrera deportiva el hoy campeón olímpico tenga que comprarse también un puesto de funcionario al precio de sus medallas.

 

ARRIBA