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Obrador y su garganta profunda

Realmente es difícil creer en las coincidencias cuando sucesos como los ocurridos en los últimos cinco días cobran relevancia. El pasado 25 de octubre, Gerard Damiano, director de la película porno más rentable de la historia —“Garganta profunda” recaudó en 1972 seiscientos millones de dólares tras una inversión de veinticinco mil— perdió la vida en la Florida, al fallecer de un infarto. Mientras tanto, bastante más al sur, otro al que por poco le sobreviene un infarto fue a Andrés Manuel López Obrador luego que viera truncada sus esperanzas de echar por tierra la aprobación de la Reforma Energética en la Cámara de Diputados.

Alguien erróneamente pudiera pensar que las similitudes entre ambos personajes quedan reducidas a la anterior metáfora cardiovascular, mas no es así. Sus obras develan también acontecimientos sociales. La afamada cinta “Garganta profunda” implicó en su momento un upper cut al mentón del puritanismo norteamericano que se debatía entre los dogmas preestablecidos y la revolución sexual de los setenta. En México, hoy, es otra revolución la que se defiende: la energética, que si bien se emplea y nadie cae en las tentaciones lucrativas, ayudará al país a salir adelante en el más importante rubro económico que posee. La respuesta de los legisladores y de la ciudadanía en general, al hacer a un lado los arrebatos del ex candidato presidencial, significaría entonces un gancho al hígado del peje.

Pero vamos más allá. En la mencionada cinta, su protagonista, Linda Lovelace, tiene su clítoris en la garganta. El burlesco detalle la convierte en una mujer que necesita del sexo oral para encontrar placer y desde entonces le es prácticamente imposible evitar llevarse a la boca cuanto aparezca. Si oponemos el sentido —es decir, que las cosas salgan— comprobaremos que AMLO sufre un percance similar. Nadie puede asegurar qué tiene en su garganta, pero es innegable que le resulta difícil dejar cerrada la boca, no importa si es para proponer idioteces, despilfarrar ofensas o alentar a sus cada vez más escasos seguidores para organizar otra aburrida marcha.

Lo cierto es que las semejanzas están ahí. Aunque acepto también que hay diferencias insoslayables pues cualquier película pornográfica dirigida por Damiano es más artística y menos escandalosa que los excesos cometidos por Obrador. Además, sin lugar a duda, el cineasta será admirado por muchos más hombres y mujeres que el otro pseudopolítico.

 

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