Genocidio: no sólo tema de películas
El presidente de Rwanda, miembro de la etnia Hutu, está a punto de firmar un acuerdo con los rebeldes Tutsi que pondrá fin a la guerra civil. Sin embargo, este es asesinado de manera misteriosa. Es entonces cuando la Interhamwe, una milicia civil integrada por miembros de la etnia Hutu, comienza una limpieza étnica para acabar a base de machetazos con sus conciudadanos Tutsi.
El párrafo anterior hace alusión a la película “Rwanda”, del director Terry George. Para muchos, un filme superior incluso a la afamada “Lista de Schlinder”. Se rodó en 1994 y representa uno de los mayores genocidios que recoge la historia moderna. Ese mismo que, en estos días, desafortunadamente se extiende otra vez.
La ciudad de Goma, ubicada en el oriente de la República Democrática del Congo, ha servido de escenario para una fuerte escalada de violencia que responde a los mismos orígenes étnicos de la cinta en cuestión. De hecho, no puede hablarse de otras causas sino del resurgimiento de ese odio absurdo y ancestral.
Los enfrentamientos entre las tropas del gobierno y los rebeldes Tutsi han provocado nuevamente que decenas de miles de personas abandonen sus hogares con las consiguientes incursiones de saqueos y abusos.
Ante la imposibilidad de mantener el control, algunas organizaciones como Oxfam, que suministra agua y servicios sanitarios a las víctimas, han retirado su personal para asegurarlo, con la esperanza de retomar sus actividades asistenciales en el hipotético caso de que situación vuelve a una relativa calma.
Los rebeldes han planteado la posibilidad de abrir lo que denominaron "corredores de ayuda humanitaria". Sin embargo, se debe hacer mucho más que eso para asegurar que todos aquellos en necesidad de protección y encuentren cobijo.
Los diecisiete mil elementos desplegados por la ONU, aun cuando se considera el mayor número de fuerzas de paz desplegadas en el mundo, no parecen suficientes. Su actuación deja mucho que desear y algunos congoleños ya los acusan de parecer sólo "turistas".
Amnistía Internacional recientemente hizo público un comunicado en el que reitera que "la situación en la República Democrática del Congo sigue al borde de la catástrofe humanitaria".
Asimismo recalca que se deben reforzar las tropas y los servicios necesarios para dar una "protección efectiva" a los civiles de los ataques de grupos armados, garantizar las operaciones humanitarias y hacer respetar el embargo de armas internacional.
Sea cual sea el final de esta tragedia, no hay duda que la realidad insiste en superar toda ficción —incluso si esta es basada en hechos previamente ocurridos—. La película de Rwanda, hoy, amerita una segunda parte.
Desde ya sabemos que no tendrá un final feliz. |