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¿Cuánto por un kilo de muerte?

En una crítica que el escritor de origen indio, Salman Rushdie, hacía a los Reality Show y a la falta de escrúpulos que los productores de cine y televisión muestran con tal de ver aumentadas sus ganancias, el autor de Los versos satánicos anunciaba que muy pronto sería posible la transmisión de una muerte verdadera por la pequeña pantalla. Vinculaba la posibilidad entonces a las asistencias que a algunas personas se les garantiza al momento, por ejemplo, de provocarle la muerte a un sujeto sentenciado a la pena capital.

Pues bien, sus predicciones empiezan a cumplirse, quizás no con la exactitud que el asume, pero tal vez todo sea cuestión de tiempo. El Reino Unido —casualmente hogar obligado de Rushdie— se conmociona en estos momentos con el anuncio de la transmisión del documental "¿Derecho a morir?", realizado por el ganador de un Oscar, John Zaritsky.

La cinta deja ver la muerte asistida de Craig Ewert, de cincuenta y nueve años, en la clínica suiza Dignitas, luego de ingerir una mezcla sedantes y apagar el ventilador con la boca.

Como es de suponer, de inmediato se han levantado voces a favor y en contra ya no del proceso… léase bien, sino de la transmisión del mismo. Visto por un lado, el tema, la muerte asistida en sí, deja de ser origen del conflicto. Dicho de otro modo, parece una especie de “vuelta de página”.

Las organizaciones contrarias a esta práctica dijeron que el documental podría animar a otras personas a realizar suicidios. Sin embargo, en el reportaje, tanto el enfermo como su familia defienden su derecho a decir cuándo y dónde morir. Mientras que la viuda declaró al diario británico The Independent que considera el documental un medio para ayudar a la gente a "afrontar sus miedos".

No es objetivo de este artículo defender o criticar la eutanasia ni ejercicios similares. Considero más importante llamar la atención cómo, hoy, ya hablamos del tema con la misma tranquilidad que si discutiéramos el alza de los precios en los alimentos. Y rectifico: a la mayoría le preocupa más a cuánto está el kilogramo de carne que los costos de una muerte. De esta suerte no sorprende en lo absoluto que México hoy quiera aplicar la reversa y retomar la pena capital. Así tampoco mañana alguien debe sorprenderse porque sus nietos —o hasta sus hijos— le pida encender la tele pues ya es hora del ahorcamiento de fulano o el fusilamiento de mengano.

Al tiempo me remito, que no a la humanidad.

 

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