¡Slim, me das risa!
Carlos Slim abrió la boca y tal pareciera que al unísono se abrieran las puertas de un circo. Sus truculentos vaticinios sobre la situación del empleo en México, para un futuro cercano, y los índices negativos del PIB que le espera a la economía nacional va más orientado al acaparamiento de reflectores que al análisis crítico.
En estas circunstancias lo que menos importa es si realmente enfrentaremos este negro panorama o si el magnate yerra el tiro al mañana. La necesidad de hacerse sentir hoy mueve a este multimillonario a tomarle el puesto a Walter Mercado. No se necesita pasar la universidad para saber que, si el día está gris, resulta sencillo pronosticar que se pondrá negro. Además, es un axioma inviolable que las personas sólo creen aquello que quieren o temen. Y terror causan ahora mismo los despidos masivos, los cierres de empresas, el alza de los precios, así que ¿por qué no creerle a Slim sobre la fatalidad de nuestro entorno próximo?
Quizás porque a algunos se los tienen prohibido. Como al secretario del Trabajo, Javier Lozano, que rápidamente levantó la voz en contra de las declaraciones del empresario. Simplemente para ser criticado después por el coordinador del PRD en la Cámara de Diputados, Javier González Garza, quien ya hacía señales de humo en torno a la censura. Claro que ni a uno ni a otro le interesa gran cosa el tema económico. Se trata, en primera instancia, de un conflicto político que ¿gestó o provocó? Slim. Es la marca y la desgracia de México. Tarde o temprano todo termina en una confrontación.
Tanto es así que, entre dimes y diretes, nadie aporta soluciones. Acaso por miedo a que, como suele suceder, se vuelvan excusa para nuevos enfrentamientos interpartidistas. Desafortunadamente, más vale una iniciativa —así sea errada— para remediar los males del presente que todos los esferas mágicas capaces de prevenir el futuro.
Entretanto, Carlos Slim debe estar riendo de lo lindo porque ha puesto el mundillo burocrático a saltar. Suerte de trapecistas en la arena política y económica. Claro, todos usan cables de seguridad, llámese presidente o el hombre más rico de México que, a propósito, ya enfila una nueva historia: su romance con la reina de Jordania, Noor al-Hussein. Algo que a nadie tiene por qué importarle, pero todos quieren saber.
Me pregunto ¿cuál es el próximo paso? Tal vez dar una entrevista en “La oreja” para que su nombre se escuche más. Y tiene razón. Con el hambre que prima en el país, ya muchos se están quedando sordos. |