Colom, entre el video y la pared
Parecen sacadas de una película, pero es la más pura realidad. Las acusaciones de asesinato que hoy pesan sobre el presidente de Guatemala, Álvaro Colom, su esposa, Sandra Torres, y su secretario privado, Gustavo Alejos, ya hubiesen por sí solas desatado un escándalo mundial, pero más pesa el “detalle” de que las imputaciones las hace con antelación la propia víctima, el abogado Rodrigo Rosenberg.
El video donde aparece explícitamente la acusación y que puede ser visto en Youtube (para dar la referencia más abierta) argumenta con lujo de detalles las razones del asesinato, citando, además, con nombre y apellidos a los presuntos responsables.
Claro está, de inmediato el gobierno de Guatemala sacó un spot de contestación donde manifiesta su sentido pesar por la muerte del abogado y refuta cualquier vínculo con el suceso. Pero eso, por supuesto, era de esperar.
Peor le fue a Gustavo Alejos en una entrevista que le hiciera para la televisión el presentador José Eduardo Valdizán y en la cual se limitó a decir entre balbuceos que se mantenía en su cargo, que no tenía relaciones con Rosenberg y que —prácticamente— ignoraba todo lo referente al video y sus motivos.
El periódico guatemalteco Prensa Libre señaló que la difusión de esta cinta "ha creado la mayor crisis política para esta democracia, porque nunca antes un presidente electo democráticamente había sido acusado de asesinato".
Es de temer que cierto fragmento donde Rosenberg se avizora como una estadística más entre las muertes y los hechos impunes que campean en su país se vuelva profético. ¿Cómo concebir que las autoridades al mando del presidente y bajo la tutela de su secretario privado puedan desarrollar eficazmente sus pesquisas si los inculpados son, precisamente, sus superiores?
Por ese lado poco servirá el pedido de la Premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchú, para que se garantice la independencia de la investigación judicial del caso a través de una carta pública.
Culpable o no Colom, el problema ha de ser tomado como punta de lanza para todas las sociedades democráticas en el continente. Y debe ser así pues aun con los innegables intereses políticos que siempre habrá de por medio, no importa de qué país se hable, hay un dicho popular que jamás miente: “cuando el río suena, es porque piedras trae”.
Atención entonces, mucha atención. |