Zelaya se aleja
Zelaya no aterrizó. Su pueblo lo estuvo esperando, pero lo único que recogieron fueron un par de víctimas que, por supuesto, quedarán para ser utilizadas de estandarte por uno y otro contrincante o, lo que es más realista, por Roberto Micheletti —que acusará de instigador al presidente depuesto— y la comunidad internacional que sigue, afortunadamente, repudiando el golpe de estado y su actual gobierno de facto.
Lo interesante es que ahora entra en el juego otra figura política, Oscar Arias, presidente de Costa Rica, en papel de mediador. Propósito que no le es para nada desconocido pues ya jugó ese rol en la década del ochenta cuando se intentaba pacificar la región de Centroamérica y sus resultados, sin divinizarlos, fueron bastante aceptables.
Si bien nadie puede esperar soluciones a corto plazo, al menos los dos antagonistas están de acuerdo en dialogar con Arias. Algo que no fue posible en la visita del secretario general de la Organización de Estados Americanos, José Miguel Insulza, de quien Micheletti comentó que sólo se reunió con quienes le dio la gana.
Verdad o no, las piezas siguen a favor de Zelaya o, para ser correcto, de las circunstancias que lo justifican pues Honduras, para el gobierno interino, se va pareciendo cada vez más a la isla de Robinson Crusoe, sin Viernes que lo auxilie. Ahora, por si no bastara, el presidente Barack Obama, de visita en Moscú, afirmó que “Estados Unidos apoya el retorno del democráticamente elegido presidente de Honduras” y ya es un hecho que el Departamento de Estado de la nación norteamericana espera reunirse con Zelaya, quien anda buscando apoyo en Washington.
La única inquietud que puede despertar estos ajetreos a veces diplomáticos, a veces violentos, es que la figura del depuesto presidente poco a poco pierde protagonismo para ser utilizado de apoyo por otros sujetos. Sus seguidores, en Honduras, atestiguan la entrada de estos personajes carismáticos e importantes que con sus nombres y posiciones ensombrecen los supuestos buenos valores de su líder electo.
Si la Historia Universal no estuviera plagada de traiciones y chantajes a conveniencia, la buena disposición de manos extranjeras habría de ser bien recibida. Sin embargo, en política —más que en economía— todo se cobra. Habrá que seguir muy de cerca el drama más impactante que vive Latinoamérica hoy en día —por encima de las elecciones mexicanas o la caída de los Kirchner en Argentina— y esperar que en un futuro, al margen de sus resultados, los aliados no le cobren factura al pueblo hondureño. |