El día después de mañana es hoy
La ficción (se sabe) siempre tiene atisbos de realidad y, en este sentido, la película “El día después de mañana” cada vez parece más cerca de nuestro presente cotidiano alejándolo así de la tranquilidad con que nos sosegamos en la atestiguación de una catástrofe que se remonta al futuro, o sea, algo que está por llegar, pero (afortunadamente) aún no nos hiere.
Es curioso el paralelismo que se establece entre la reunión con que inicia el filme y el foro sobre medio ambiente recién celebrado en Corea del Sur. Acaso, en este último, las predicciones del secretario general de la Organización de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, superen en niveles de catastrofismo a las del personaje interpretado por Dennis Quaid. "Si no actuamos, el cambio climático intensificará las sequías, inundaciones y otros desastres naturales" —aseguró el funcionario—. "La escasez de agua afectará a cientos de millones de gente. La malnutrición va a arrasar con gran parte de los países en desarrollo. Las tensiones se agravarán. Y los disturbios sociales, incluso la violencia, podrían seguir".
Si bien el tema de la ecología y sus vaivenes se ha vuelto un negocio lucrativo para muchos —pensemos en Al Gore y su “verdad incómoda” que le ha valido millones de dólares, a costa, quizás, de mentiras aún más incómodas—, es innegable que la naturaleza presenta en la actualidad cambios sustanciales que fuerzan ajustes cada vez más drásticos.
Se espera que la Cumbre de Copenhague, a desarrollarse en diciembre del presente año, sirva de escenario para pactar un nuevo tratado en torno al clima capaz de reemplazar al Protocolo de Kioto (a expirar en 2012). Esperemos asimismo que en esta ocasión naciones como China e India —listadas entre las mayores emisoras de contaminantes en el mundo— no hagan oídos sordos a los reclamos de la comunidad internacional.
Curiosamente, no a todos les va tan mal. Con el progresivo deshielo de los casquetes polares, los habitantes de Groenlandia se sienten afortunados por el incremento de la actividad económica y social al interior de sus fronteras. Aunque para Kuupi Kleist, primer ministro de este territorio autónomo —perteneciente al Reino de Dinamarca— el fenómeno también tiene su lado flaco. “Por supuesto, es un dilema para nosotros saber cuánto puede crecer esta industria en relación a lo pequeña que es nuestra sociedad”.
De cualquier manera, es un dolor de cabeza que muchos países en vías de desarrollo quisieran para sí. Los recursos naturales que subyacen en suelo groenlandés pudieran generar cientos de millones de dólares. La pregunta entonces sería: ¿con los vaticinios de Ban Ki-moon quedará alguien para administrarlos? |