Calderón echa el sofá por la ventana
Para quien no conozca el chiste —y entonces no entienda el título que justifica esta columna—, acá les va como introducción al más puro estilo “catoniano”. En cierta ocasión un hombre recibe el aviso de que su mujer lo engaña. Un buen amigo, que vio la escena por casualidad, abunda en los detalles. Había ido a su casa a buscarle y como nadie respondía a sus llamados se asomó por la ventana. Allí, sobre el sofá de la sala, estaban en pleno amorío la esposa de nuestro protagonista con un desconocido. Ni corto ni perezoso el cornudo sale corriendo a su domicilio para hacerle frente al problema. Par de horas después vuelve a encontrarse con el sujeto que lo alertara y le dice, sonrisa a flor de labios: asunto resuelto. ¿Qué?, pregunta el otro, ¿los corriste de la casa? El marido niega con la cabeza. Nada de eso, responde. Boté el sofá por la ventana.
Es, metafóricamente, lo que acaba de hacer Felipe Calderón con las destituciones del titular de la Procuraduría General de la República, Eduardo Medina-Mora, del director general de Petróleos Mexicanos, Jesús Reyes Heroles, y de su homólogo en la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, Alberto Cárdenas Jiménez.
Las modificaciones se justifican por el pobre resultado que el trío sostuvo en sus respectivas dependencias luego de medio sexenio calderonista, sin embargo, en realidad pretenden allanarle el camino al ejecutivo para hacerse de nuevas alianzas. Importante ahora que el Congreso no estará saturado de curules panistas.
La jugada se completa sin el nombramiento de funcionarios de muy bajo perfil y, por tanto, lejos de las críticas que empañaron la labor de sus antecesores. De esta manera se intenta desarmar los ataques a la estrategia del Ejecutivo, especialmente en torno a su lucha contra el narcotráfico que ya ha costado más de trece mil muertes y la caída en la producción de Pemex, de mano con la lentitud para poner en práctica las reformas aprobadas, entre ellas la construcción de una nueva refinería.
Ahora bien. La operación guillotina no tiene por qué adjudicarle de primera intención buenos resultados a Calderón. El gesto afirma su voluntad de ser flexible, pero sus adversarios, sobre todo la falange priista que tiene los ojos clavados en la silla que ahora él ocupa, no se dejarán comprar fácilmente. De hecho, sus primeros comentarios apuntan a la demora del mandatario para hacer estas sustituciones. Mucha saliva tendrá que gastar el presidente para negociar en el Congreso. Tanta más habilidad diplomática si no quiere que la próxima cabeza en rodar sea la suya o la de su partido para 2012.
Y es que, justamente porque bien le queda a Calderón el cuento del sofá, debe aprender al mismo tiempo que un país no se gobierna con metáforas. |