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Democracia, del significante al significado

Terminaron las elecciones y, dentro de poco tiempo, —sino ya— el asunto será alimento para el olvido. Cada quien se ocupará de sus labores habituales y, otra vez, la interrogante de la inmensa mayoría sobre qué llevarse a la boca el día en curso cobrará enérgico interés. Las urnas, las propuestas de los candidatos, las acusaciones interpartidistas y los espacios ganados o perdidos por las siglas de turno conformarán, si acaso, parte de nuevos datos y gráficas. La democracia, como bien advirtiera Borges, insiste en ser un abuso de la estadística.

En Coahuila, ya se sabe, no hubo sorpresas. El PRI consolidó su favoritismo y con ello, desplegando perspectivas a escala nacional, se acerca cada vez más a Los Pinos. Ciertamente su expansión pone en jaque una parte importante de la democracia —su diversidad— para acercarse más a los lineamientos de sistemas dictatoriales. Sin embargo, ¿cómo criticar al tricolor si sus principales adversarios —PRD y PAN en el país, apenas el último dentro del estado— no hacen su trabajo? Puede que sean ciertas las acusaciones sobre las malas prácticas del PRI en estos últimos sufragios... de hecho, es canción conocida tras cada proceso electoral, pero una verdad es indiscutible, nadie como ellos se merecían la victoria, quizás no tan aplastante, quizás nada transparente, pero triunfo aún.

El dilema es otro, menos plausible y más preocupante. En palabras de Nelly Herrera, coordinadora de Alianza Cívica, “desde el punto de vista del proceso tan largo y lento que lleva el país en la implantación de su democracia, Coahuila se pone a la punta de las entidades más atrasadas, antidemocráticas y autoritarias. Retrocedió veinte o treinta años, a la época en que se podía garantizar el carro completo y de hecho lo hemos tenido en dos elecciones previas —para renovar diputados locales y federales—. Hay un desfasaje enorme de la democracia en el estado y, al mismo tiempo, sobresale el fortalecimiento de un grupo que se ha hecho del control en todos los ámbitos, no sólo el político, sino en la cultura, las universidades, etcétera. Realmente, el problema es general y la preocupación de las autoridades por la ciudadanía, aparente. Con ello se busca conservar el poder.”

Si un riesgo corre la repetición constante de conceptos y su manipulación acorde a los intereses de quien los trae a colación es la pérdida completa de su significado. Esto ocurre con la democracia. Si hoy le preguntamos al PAN por el futuro de la democracia en el estado, dirá que va en picada por la falta de pluralidad. Si cuestionamos al PRI, ripostará con la justificación de que ellos se preocupan por la sociedad y no los otros partidos, lo cual es también base del sistema democrático. Si nos acercamos a la ciudadanía, dejará en claro su inconformidad con los políticos y por eso la proliferación del voto nulo.

Es necesario, pues, volver a los orígenes del término para dilucidar qué nos espera en Coahuila. Sólo que, en lo personal, me parece tristísimo que sea el diccionario y no el gobierno quien mejor se acerque a la respuesta correcta.

 

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