¿Karadzic o la segunda parte de Milosevic?
En ocasiones, la maldad también se viste de gala. Es el caso de Radovan Karadzic a quien Richard Holbrook, diplomático estadounidense, definió como "un verdadero arquitecto de matanzas". Pesan sobre la conciencia y el nombre del ex líder serbio-bosnio acusaciones por el bombardeo a Sarajevo durante el asedio a esta ciudad, considerado el más largo de la historia moderna —se extendió por casi cuatro años— y que costó la vida a doce mil civiles; asimismo se le imputa la muerte de siete mil quinientos musulmanes en Srebrenica, en 1995, para sofocar los ánimos nacionalistas de la región; incluso la ONU le pide rendir cuentas por usar más de doscientos de sus efectivos a modo de escudos humanos entre mayo y junio de ese mismo año.
Prófugo de la justicia por trece primaveras y oculto bajo la nueva identidad de un barbudo médico “muy culto, tolerante y con gran sentido del humor”, tal cual lo definiera el editor de la revista Healty Life, Goran Kogic, sigue siendo un misterio la forma en que lo descubrieron las autoridades de Serbia para entregarlo al Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY) de La Haya, Holanda.
Sin embargo, la suerte de Karadzic no termina. ¿O habría que decir el descaro? Su ausencia a la primera sesión del juzgado bajo el pretexto de que no contaba con suficiente tiempo para preparar su defensa es, a todas luces, una excusa con el objetivo de ganar tiempo y, de mano con su objeción, una burla al sistema de justicia internacional.
Aun cuando el proceso continuó sin la presencia de Karadzic es de esperar nuevos recursos legales que terminarán por retrasarlo. Una de las opciones que se barajan es la asignación de un abogado de oficio. En tal caso, el ex presidente tendrá, mínimo, otro medio año de receso. Período en que el nuevo encargado deberá estudiar su caso.
Definitivamente es imposible evitar recordar el juicio contra otro asesino de cuello blanco, el ex presidente yugoslavo Slobodan Milosevic, quien también prefirió defenderse a sí mismo —salvando las distancias, de igual forma actuó Fidel Castro luego del fallido asalto al cuartel Moncada, cuestión de estilo y estirpe, supongo—. El proceso ocupó cuatro años y estuvo plagado de interrupciones. ¿El final? Milosevic fue hallado muerto en su celda el 11 de marzo de 2006, en el centro de detención del tribunal penal en Scheveningen. Nunca se llegó a un veredicto.
A Karadzic le puede estar esperando una sentencia de cadena perpetua, pero si bien La Haya pretende concluir antes de 2012, hay que ver el desenvolvimiento del caso. Justo lo que desea el ex líder serbio-bosnio: sumar días a su favor. Si, de un modo u otro, el juicio se extiende indefinidamente o, a causa de un accidente inesperado, no alcanza a emitirse el fallo, será pésima la imagen que caerá sobre el sistema de justicia internacional, constantemente blanco de críticas y con no menos asiduidad debajo en el marcador en su lucha contra los “malos”. |