Se multiplican agresiones contra blogueros
“Cerca de la calle 23 y justo en la rotonda de la Avenida de los Presidente, fue que vimos llegar en un auto negro —de fabricación china— a tres fornidos desconocidos: ‘Yoani, móntate en el auto’ me dijo uno mientras me aguantaba fuertemente por la muñeca”.
Así comienza el recuento del secuestro y posterior agresión física-psicológica de que fue víctima la bloguera más conocida en Cuba —premio Ortega y Gasset—, Yoani Sánchez.
El asalto, llevado a cabo por agentes encubiertos del gobierno, según afirma la propia Yoani, demuestra la falta de recursos legales y morales de un sistema que se encuentra maniatado ante la perseverancia de una voz que, poco a poco, deja de ser unitaria para sentirse rodeada por otros reclamos de ciudadanos también inconformes con la situación política, económica y social de la isla.
De igual modo revive prácticas abusivas que muchos, equivocadamente, creían sepultadas tras las dictaduras de Pinochet o Stroessner, por citar par de ejemplos. Nada de eso. La agresión contra Yoani, secundada por el sempiterno y confeso silencio de las autoridades cubanas, demuestra que las peores manías de los tiranos latinoamericanos de décadas pasadas se mantienen vigentes en la mayor de las Antillas.
Desafortunadamente el caso no es aislado. Meses antes otro blogero, Ángel Santiesteban, también sufrió la misma suerte. Un brazo fracturado junto con otras lesiones, fueron el saldo de contusiones físicas que le tocó por “estarse haciendo el contrarrevolucionario”, según le imputaron sus atacantes.
Sin embargo, como suele suceder con quienes defienden la verdad a toda costa, lejos de amedrentarse, estos blogueros siguieron con su trabajo crítico y, de un rebote a otro, sus nombres ganaron mayor resonancia tras los atracos.
En el colmo de las ironías, el secuestro de Yoani Sánchez tuvo lugar el mismo día que ella se desplazaba hacia una manifestación en contra de la violencia. La cual, finalmente, sí tuvo lugar y vio ampliamente justificada su razón de ser. Nada, cosas de la Cuba paradisíaca que no aparece jamás en las revistas de turismo ni en los discursos de sus dirigentes.
Tal vez por eso se entienda el recelo del propio Santiesteban, quien, cita al término de su última entrada de blog: “(Una) amiga pedía que abandonara la casa y me ocultara en alguna parte de la ciudad que no pudiera ser encontrado. Se temía por una represalia contra los blogueros. Apenas tomé mi cámara fotográfica y la memoria flash donde guardo lo más preciado: mi literatura y el trabajo del blog.”
La resistencia clandestina de Cuba parece no tener fin. |