Obama aprieta pero su carisma no cede
En efecto, el anuncio del presidente de Estados Unidos de enviar, al menos, otros treinta mil elementos a Afganistán no es exactamente lo que algunos llamarían un acto de paz y, en cierta medida, atenta contra las buenas intenciones que proclamó Obama en sus promesas de campaña acerca de mejorar la imagen de su país frente al mundo, Sin embargo, en la práctica, gran parte de la comunidad internacional aprueba la medida e incluso la OTAN afirmó que sumará otros cinco mil efectivos para satisfacer las necesidades de fuerzas armadas en el territorio que azota al-Qaeda.
El presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, mostró su "pleno apoyo" al tiempo que calificó de “valiente, determinado y lúcido” el discurso que pronunciara su homólogo. Por su parte, los gobiernos de Australia y Nueva Zelanda secundaron la estrategia aunque descartaron el envío de nuevos soldados. Corea del Sur tampoco se quedó atrás y declaró que "respalda la decisión norteamericana de ampliar sus esfuerzos en ayuda de Afganistán, que incluye el aumento de las fuerzas militares", mientas que Japón reiteró su apoyo y recordó que “vamos a ofrecer cinco mil millones de dólares en ayuda”, además de que cooperará con Estados Unidos y otros países “para contribuir a la estabilidad y al desarrollo de Afganistán".
Como era de esperarse, sólo el Talibán —aliado de al-Qaeda— amenazó con recrudecer sus prácticas. Un portavoz de esta organización fundamentalista declaró que la decisión de Obama "sólo conseguirá incrementar la resistencia”.
A pesar de ello, al interior de Afganistán, tanto el gobierno como las fuerzas de seguridad reconocen que, aunque no hay mucho entusiasmo por la llegada de más tropas extranjeras, ellos se encuentran en un momento crucial en la lucha contra el Talibán y necesitan de ayuda foránea.
Mucho dependerá de los resultados de esta movida el posible retiro de las tropas norteamericanas, cuyo inicio —tentativamente— está pactado para 2011. Asimismo queda en juego la credibilidad del discurso de Obama cuyos esfuerzos por marcar un antes y un después con relación a la era Bush están siendo amenazados por la amenaza de un segundo Vietnam. La presión ya se empieza a sentir y ahora, aquellos que lo tildaban de “socialista” hoy comienzan a llamarlo imperialista. Pretender quedar bien con todos puede convertirse en un arma de doble filo que, esperemos, no termine por degollar al inquilino de la Casa Blanca. |