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Después de la corrupción, el ejército

Las acusaciones y los malos criterios de la comunidad mundial no dejan de llover sobre México. Apenas Transparencia Internacional termina de fustigar a la nación azteca dejándola muy mal parada en su informe “Índice de Percepción de la Corrupción 2009” cuando otra dependencia, Amnistía Internacional, hace público un nuevo documento —“México: Nuevos informes de violaciones de Derechos Humanos a manos del Ejército”— donde acusa a las autoridades de no investigar exhaustivamente las denuncias de abusos cometidos por las fuerzas militares en su pregonada lucha contra el crimen organizado.

A finales de junio la Comisión Nacional de Derechos Humanos de México había recibido alrededor de dos mil quejas de abusos a manos del Ejército desde comienzos de 2008. No obstante, el organismo considera que "estos datos no reflejan en toda su extensión los abusos que se cometen”, aunque indican la tendencia al aumento de los mismos.

Un caso particular queda reflejado en las declaraciones de un policía municipal que aseguró haber sido torturado por militares luego de su detención entre el 21 y el 27 de marzo de 2009, en la ciudad norteña de Tijuana, y recluido por más de un mes en una base castrense. “Me quitaron las botas y mis pies los metieron a una vasija con agua, luego pusieron cables de electricidad y eso siguió por horas (...) me pusieron cables con electricidad en mis testículos (...) yo sentía que me iban a matar”.
Entre los abusos cometidos por el Ejército se citan desapariciones forzadas, homicidios extrajudiciales, torturas, malos tratos y detenciones arbitrarias.

El problema amenaza con sacudir los cimientos de Los Pinos y su régimen disciplinario. El investigador del Instituto Tecnológico Autónomo de México, Miguel Sarre, señala que en el caso de los atropellos perpetrados por militares en contra de la población debe advertirse un "problema de gobernabilidad y disciplina al interior de la Secretaría de la Defensa Nacional, ya que si los mandos superiores desconocen que los militares están cometiendo esos excesos y abusos sin su consentimiento es que hay ingobernabilidad”.

Y es que otra vez la peor parte de la cruzada contra el narcotráfico, promovida por Calderón, que lo llevó a inundar las calles con militares ante la inoperancia —y corrupción— de los agentes policiales, la está llevando la ciudadanía. La sociedad mexicana ya no sólo tiene que cuidarse de las extorsiones de las autoridades y las balas en los fuegos cruzados, debe, además, estar alerta ante las arbitrariedades del Ejército que, irónicamente, se supone es el máximo exponente de las garantías nacionales.

 

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