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Copenhague: calor dentro y fuera de la cumbre

La Cumbre sobre Cambio Climático de Copenhague está haciendo honor a su nombre y ha modificado bastante la medida de los termómetros dentro y fuera de su recinto. Las manifestaciones por parte de cientos de personas y organizaciones internacionales que muestran su desacuerdo con la forma en que se ha desarrollado el evento así como con los escasos avances que evidencian los países participantes se conjugan con la repentina renuncia de la mismísima presidenta de la cumbre junto con los altisonantes discursos de Hugo Chávez y Evo Morales.

El mandatario venezolano y su homólogo boliviano acusan al capitalismo —con su falta de escrúpulos a la hora de echar mano de cuanto exista para obtener ganancias— de ser el máximo responsable del sistemático deterioro del medio ambiente. "En este planeta vivimos una dictadura imperial. ¡Abajo la dictadura imperial y que vivan los pueblos y la democracia en este planeta! Hay un grupo de países que se creen superiores a nosotros los del sur, los del tercer mundo, los subdesarrollados, los arrollados", afirmó Chávez.

"Los ricos están destruyendo el planeta. Será que tiene planes para irse a otro", declaró también y dejó en evidencia su desacuerdo con el documento que ampara la cumbre: "He pedido el texto. Pero es top secret. No es democrático ni inclusivo", es "un texto que viene de la nada que no aceptaremos ningún texto que no venga de los grupos de trabajo, que son los textos legítimos que se han estado negociando estos dos años".

Por su parte, Evo Morales señaló con relación a la causa del cambio climático que "si queremos solucionarlo tenemos que acabar con el sistema capitalista". Sin embargo, una de las mayores sorpresas la protagonizó Connie Hedegaard, presidenta de la cumbre y ministra danesa del medio ambiente, quien presentó su renuncia supuestamente porque el número sin precedentes de mandatarios y jefes de Estado que arribaron al evento debe ser atendido por alguien de mayor nivel. De ahí que el primer ministro de Dinamarca, Lars Løkke Rasmussen, ocupara su cargo.

Mientras tanto, en las calles las cosa no están mucho mejor. Cientos de activistas enfurecidos denunciaron la falta de progreso que han mostrado hasta el momento las negociaciones y también las restricciones que se les impusieron para ingresar a las salas donde tienen lugar las charlas.

Así las cosas, oscuro se ve el panorama para nuestro querido planeta y no exactamente por las emisiones de gas tóxicos y residuos industriales, sino por la ceguera de nuestros dirigentes quienes no logran ponerse de acuerdo y dejan a relieve su incapacidad para ejercer cabalmente la responsabilidad por la que fueron electos: salvaguardar nuestra integridad política, económica y social, ¿qué decir entonces del recaudo ambiental?

 

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