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¿Y Dios dónde está?

Víspera de Navidad y el mundo se torna más rojo que de costumbre gracias a la anunciada visita de ese gordo bonachón que responde al nombre de Santa Claus, Papá Noel o ¿qué importa cómo le llamemos? —siempre y cuando nos sirva para identificar a nuestro donador de felicidades—. Sin embargo, al menos hoy, el matiz nacional —y más allá de las fronteras— está de rojo pero por causas muy distintas: acontecimientos sangrientos que ensombrecen las luces intermitentes de millones de arbolitos navideños.

Desde ahora, para la familia del gobernador de la provincia de Caquetá en Colombia, Luis Francisco Cuéllar, estas fechas poco recordarán momentos alegres. Justo cuando se promueve la unión familiar y la sana convivencia, las FARC arrebatan la vida del político y reafirman el carácter terrorista de este movimiento paramilitar que, increíblemente, algunos gobiernos foráneos todavía apoyan a espaldas de la comunidad internacional.

Otro tanto ha de suceder con los sobrevivientes de la familia del marino  Melquisedet Angulo Córdova, cuya muerte tras el operativo en que fue ultimado Arturo Beltrán Leyva, no sirvió para evitar que su madre, una tía y dos hermanos sufrieran un final violento, acaso como venganza o escarmiento para futuras operaciones militares, pero que en realidad sólo demuestran el desespero de la banda criminal al verse súbitamente descabezada.

Claro que debemos reconocer la actitud de Felipe Calderón al anunciar su dolor por los acontecimientos. Asimismo lo hizo su homólogo Álvaro Uribe, allá en Colombia, pero ni uno ni otro dejarán de celebrar mañana la navidad junto a sus seres queridos.

Aun con la captura de los presuntos sicarios de Melquisedet e incluso si ocurriera lo mismo con quienes secuestraron y asesinaron a Cuéllar la ausencia abrupta de estos dos seres humanos nos empequeñece y deja al descubierto la fragilidad de las utopías. Si Cristo nació un 25 de diciembre, es evidente que muchos lo han olvidado, ya no al hombre, ya no al símbolo, ya no a la historia que representa, sino la proyección de buenos ideales que en Su nombre se suscita.

¿Debemos entonces seguir poniendo la otra mejilla ante la ceguera de nuestros enemigos? ¿Estos son los regalos que Santa ofrece para quienes aceptan la responsabilidad que muchos, por miedo o comodidad, evitan? ¿Dónde está Dios por estos días? ¿Acaso celebrando su propia Navidad? No les preguntemos, por favor, a políticos ni prelados. Busquemos a los familiares de Cuéllar y Melquisedet, que sean ellos quienes decidan.

 

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