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Microcréditos y auxilio gubernamental en la mira

La crisis económica mundial presenta un escenario extremo que requiere de soluciones extremas. Mas ¡cuidado!, que determinado procedimiento de escape sea temerario no justifica necesariamente su éxito. No nos dejemos llevar a ciegas por la frase “quien no se arriesga, no gana” porque también está el que se arriesga y pierde. A fin de cuentas, con buenas intenciones no se llenan los estómagos. Hace falta juicio, cálculo y tomas de decisiones que, si de antemano no podemos visualizar sus resultados, por lo menos estén sustentadas por un minucioso estudio.

Elvis Presley
Crisis. El concepto más socorrido

Pongamos dos ejemplos seguidos de cerca por los especialistas. Muchos criticaron la intervención del gobierno norteamericano en su economía con la franca ayuda a los bancos y las principales compañías automotrices. Lo consideraron un paternalismo fuera de época que a la larga traería mayores dificultades y una deuda que pesaría sobre los hombros de los ciudadanos. Puede que sea así en el futuro, pero para llegar al “mañana” es obligatorio sobrevivir al “hoy” y a pesar de que las acciones en la bolsa de Nueva York sufren sus peores diez años, el Departamento de Trabajo de la administración de Barack Obama informó en los últimos días de diciembre que los trámites de solicitudes de subsidio por desempleo cayeron en veintidós mil pedidos, lo cual augura un repunte de las finanzas norteamericanas.

La otra cara de la moneda se refleja en el boom de microcréditos —justificados muchos de ellos por intereses sociales— y que no parece cruzar las mejores aguas. Entidades de Manila y la India concedieron créditos a prestatarios marginales y los resultados fueron catastróficos pues no mejoraron la dieta ni los ingresos, año y medio después de haberlos recibido. En el mejor de los casos los hogares los usaron para comprar artículos más caros y luego recortaron sus gastos diarios con el fin de hacer las devoluciones pertinentes, pero sus ingresos no aumentaron, ni tampoco mejoraron la salud o el nivel de emancipación de las mujeres. Por otro lado, los negocios propiedad de hombres fueron más rentables tras recibir un crédito, pero los que eran propiedad de féminas, no. Este dato atenta contra la idea de que ellas se benefician más de la microfinanciación.

No debe leerse en modo alguno que la estrategia de Obama esté libre de pecado o que los microcréditos no sea una vía positiva a seguir —de hecho, estos ya pasaron su prueba de fuego en el mercado al crecer rápidamente y, a menudo, sin subsidios—. Nada más alejado de la intención de esta columna. Se trata de contar con sentido crítico y juicio común. Sea una trasnacional o nuestra economía familiar, de la toma correcta de decisiones pende la salud de nuestro bolsillo. No hay de otra.

 

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