Rubén Moreira hereda un estado en llamas

Nuevo gobernador con nuevos problemas
Difícil se muestra el trayecto para Moreira
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Inicia nueva gubernatura y el panorama de bienvenida para Rubén Moreira no puede ser más funesto. No sólo pesa sobre sus hombros la herencia de una deuda sin precedentes en Coahuila (regalo directo de su hermano), sino que toda la entidad está secuestrada por la violencia que genera la lucha contra el crimen organizado. Lo peor es que la percepción de la ciudadanía apunta a que esa guerra está muy lejos de la victoria y el reclamo de paz resulta más y más insistente. Mientras tanto, entre indignados confesos y otros que maldicen por lo bajito, nadie está de acuerdo con que los coahuilenses tengan que pagar los platos rotos de sus mandatarios, especialmente si las pistas dejan entrever que la vajilla rota ni siquiera estaba limpia.
En su mensaje durante la ceremonia de traspaso de poderes, Moreira aseguró que el protocolo de la entrega recepción de la administración estatal significa el inicio de la revisión de las cuentas y del trabajo del gobierno que termina, sin embargo esa revisión ha de ser exhaustiva y convincente a ojos de la sociedad.
Aún más importante es la búsqueda incesante de la paz extraviada en el estado, algo que a todas luces parece impracticable, cuando se observa a las entidades vecinas de fracaso en fracaso y la peligrosa cercanía de Monterrey, por no decir, el nido de maleantes en que se ha convertido Torreón, conforman par de lastres difíciles de salvar.
No deja de ser significativo que justo antes de que se formalizara la toma de poder de Moreira, cuatro personas murieran durante un enfrentamiento a balazos entre un grupo de delincuentes y elementos policiales. Este tipo de acciones se ha multiplicado en los últimos meses, incluyendo las extorsiones y secuestros (al momento de escribir esta columna seguía sin saberse nada de Josefa Telles Urbina y sus tres hijos adolescentes, quienes fueron privados de su libertad desde el 7 de septiembre pasado por un grupo de hombres que irrumpió a la fuerza en su casa).
Este es, grosso modo, el escenario que abre las puertas al nuevo gobernador de Coahuila y no incluyo, a causa de los reemplazos, las acusaciones de corrupción que pende sobre algunos ex funcionarios del sexenio saliente, Sin embargo, hago alusión al mismo porque a causa de cierta ley no escrita, suele suceder en política que los miembros de un gabinete se suceden continuamente, pero las malas prácticas permanecen intactas.
Son seis años los que empiezan a desgastarse desde ahora y que servirán de medidor para la labor que realice Rubén Moreira. Definitivamente su comienzo será difícil, mas si algo bueno tiene empezar en condiciones tan adversas es que hay mucho por mejorar y al final debe sacar a la luz un estado mejor. Increíblemente mal tendría que trabajar el nuevo gobernador para dejar a Coahuila en una situación peor a la que presenta hoy. Esperemos no suceda. Será el tiempo quien diga la última palabra. |