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El absurdo de beber con calendario

Alcohólicos
La bebida en exceso es un problema social
En Coahuila debe atacarse desde la raíz

¿Beber o no beber? Definitivamente en Coahuila ese no es el problema. Queda demostrado tras veinte años de “ley seca” dominguera que para nada obtuvo el resultado esperado. Si alguna vez alguien pensó que con una prohibición de venta de licores el primer día de cada semana se iba a poner alto a los efectos negativos del alcohol, pues se equivocó. Lo mismo sucede con los horarios establecidos para tal actividad.

Hoy ya son muchos los que esperan con ansias que se levante esta ordenanza, tan absurda como inefectiva, pero que en su momento sirvió para recolectar simpatías en una parte de la población que, a la corta, imaginó unas avenidas más seguras (por la ausencia de conductores ebrios) y un decremento de la violencia doméstica (ante la falta de incentivo etílico para muchos esposos violentos).

Con los años, en cambio, las consecuencias resultaron contrarias. Posiblemente se multiplicó el número de choferes que, medios borrachos, tenían que manejar largas distancias porque ya no encontraban en la esquina la bebida que antes sí. Y en la casa el asunto tampoco mejoró pues la ausencia de un trago podía desatar un vendaval de golpes a quien menos lo merecía. Eso sí, además de la casta de abstemios que apoyó entonces la medida, se sumaron aquellos que sin escrúpulos abrieron puntos de venta clandestinos con el afán de aumentar el peso de sus bolsillos... ¡y vaya que lo lograron!

Este tipo de estrategias con triste final suele ser resultado de un pensamiento político y no social. Chequeemos, en cambio, ¿cuánto dinero invierte el estado para publicitar los efectos nocivos del alcohol? ¿Cuántos recursos se destinan a proyectos que generen una conciencia positiva en el modo de divertirse de los jóvenes? ¿Cuánto es capaz de arriesgar ante la falta de apoyo de las grandes compañías que se verían afectadas con una táctica similar? Esas son las preguntas que vale la pena responder.

La inoperancia de calendarizar cuándo podemos o no abrir una cerveza es a todas luces evidente. Quizás por eso, y no por la falsa idea de fiesta y desbarajuste que le sucede, es que muchos aplauden la idea de ampliar el horario de la venta de alcohol y derogar la ley seca dominical. Porque la propuesta es sensata (al mismo tiempo que vetusta)  y porque la gente sencillamente no va a beber más si finalmente se aprueba. Beberá lo mismo, sólo que invertirá su dinero en establecimientos legales. Si quieren que este hábito realmente se reduzca, generen cognición y refuercen la educación... no se vayan por la puerta fácil de los calendarios.

Por si acaso, (y para predicar con el ejemplo), aclaro de inmediato que todo esto lo escribo cuando pasan ya las doce de la noche y un trago de ron se escurre por mi garganta.

 
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