Razones para un 14

Día del amor y la amistad
Que sirva para ver cuán humanos somos
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Frescas permanecen aún las reminiscencias de este 14 de febrero, cuando una fecha marcada en el almanaque nos convida a celebrar razones para sentirnos amados. La tarea no parece del todo sencilla en estos tiempos que nos atraviesan... sí, que nos atraviesan y no que atravesamos pues para muchos cada jornada parece una penitencia y los días se empujan como una carga muy pesada que no sabemos hacia dónde arrastrar.
Resulta intrincado vitorear amistades si las mismas (el riesgo siempre está latente) la víspera siguiente es alcanzada por una bala o, tanto peor, empuña el arma que habrá de asesinarnos. El egoísmo, hoy, pesa más que las relaciones y en nombre del amor los esposos maltratan a sus cónyuges o le arrebatan la vida a su hijo porque no bajó con suficiente rapidez el volumen del televisor.
Para festejar este recién concluido 14 de febrero se organizaron comidas, fiestas embadurnadas con alcohol, se intercambiaron regalos y multiplicamos prácticas que nos laceran el bolsillo, pero aumentan el capital de quienes tienen por mejores compañeros al dinero y la ostentación.
No vemos, o no queremos atisbar, el engaño, la trampa explícita tendida a nuestros pies. Posiblemente, en lugar de un Cupido sonrosado y travieso, cabría representar la fecha al estilo de esas películas de Valentín sangriento, con un asesino que puede ser nuestro camarada de celebración, cercenando gaznates en exacta réplica de las circunstancias que a diario sobrevivimos.
Pregunto, entonces, ¿vale la pena celebrar el día del amor y la amistad?
Pues sí, me respondo de inmediato. Porque reside en la evocación de los buenos valores humanos, la fe (no dirigida a Dios, sino entonada al prójimo) de que un cambio es posible, que todo sacrificio cobra importancia y se justifica en pro del redescubrimiento del amor.
Pero no del amor platónico que infesta a las novelitas rosas. No, señalo al motor impulsor que pretende obrar para bien en medio de un entorno tan adverso. Que no teme ensuciarse de lodo si con ello saca del fango la bondad del ser humano. Cuando pienso en ese amor, a la vez madre y padre de las virtudes que nos complementan y nos apartan del total salvajismo, considero correcto y hasta necesario marcar con tinta indeleble el 14 de febrero.
Es más, extender una línea por encima de todos los días del año, porque cada uno de ellos puede representar la fecha en que comencemos a erigir una sociedad mejor, más justa, más humana.
¡Felicidades!, digo, y claro, una disculpa por la demora. |