El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Edgar London INICIO INICIO
 
   
...mis reflexiones
...el Top 9 de los lectores
...nuevos proyectos
... algunas noticias
...galería personal
 

Recomendados

 

 


Escuelas, maestros... ¿y luego?

Cuando un visitante se acerca al estado de Coahuila, lo primero que atisban sus ojos es una valla enorme, sobrecogedora, con el rostro del gobernador regalándole una cordial bienvenida. Esta imagen se tornará recurrente a medida que el forastero se adentra en el corazón de la capital del estado. Cientos de anuncios que, al más puro estilo hollywodense, publicita los adelantos del gobierno en las más disímiles áreas:

Desarrollo: en sólo un año 11 puentes vehiculares nuevos. Salud: en operación el Centro Oftalmológico “República de Cuba”. Trabajo: Este año se generaron 26 mil 368 nuevos empleos. Y especialmente, bajo el lema de Más justicia social para todos, Educación: por primera vez se entregaron 343 mil paquetes escolares; 12 municipios cuentan con nuevas preparatorias; construcción de 173 espacios educativos.

A partir del hecho de que la meteórica carrera política del señor Humberto Moreira tuvo sus orígenes en el magisterio, es comprensible que dedique empeño y recursos a un sector que no poco apoyo le ha brindado.

De esta suerte, vale la pena reflexionar en torno al dilema moderno de lo que algunos suelen llamar (muy a la ligera) educación, a propósito de haberse celebrado en fecha reciente y casi de manera simultánea la Jornada Pedagógica “Rumbo al IV Congreso Nacional de Educación”, en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, donde participaron, además de México, expositores provenientes de Cuba o España, o la Expo Educación 2007, en la que se congregaran representantes de las más prestigiosas escuelas de la ciudad. Sin contar la posibilidad latente de que el gobernador promueva próximamente un adiestramiento masivo de maestros coahuilenses en Cuba.

Es válido y meritorio entablar esta contienda pedagógica en contra de la ignorancia. Sin embargo, resulta trascendental determinar que flancos atacar de este gigante, más peligroso que el propio Goliat, y que ostenta la resistencia de cien molinos, en aras de que dicha labor no devenga intento vano. Debemos considerar que, aun cuando parezca contradictorio en una primera lectura, en esta lucha no todo se soluciona construyendo escuelas o promoviendo maestros. Y, sin lugar a dudas, es justamente la lectura uno de los pilares fundamentales a desarrollar.

En pleno siglo XXI nadie cuestiona la necesidad de erradicar el analfabetismo. Aprender a leer y escribir, más que un logro, debe considerarse una necesidad vital, tan importante como el simple hábito de nutrirse pues la lectura ha de considerarse alimento del espíritu. El problema, curiosamente, puede generarse a partir de este conocimiento. ¿Leen los mexicanos? Paradoja insoluble: mientras disminuye paulatinamente la cifra de analfabetos, aumenta el índice de personas que promedian la irrisoria cantidad de dos o tres libros leídos al año o que, sencillamente, no han leído ninguno en lo absoluto. Al cuestionárseles al respecto, un elevado por ciento esgrime idéntico par de razones:

1) No les gusta leer.

2) No tienen tiempo para ello.

Inconforme con tales argumentos me di a la tarea de indagar en Oxxos, kioscos, tiendas Soriana y otros establecimientos afines, el comportamiento de las ventas de sus publicaciones y, a juicio de los trabajadores, ¡sorpresa! (¿sorpresa?) revistas ceñidas al estilo de TV y novelas, Hola (México), Cosmopolitan, TV y más, presentan alta demanda por parte de los consumidores. Entonces, ¿realmente no gusta o no hay tiempo para leer? ¿Se puede considerar agotador, aburrido, leer un libro y no leer, releer, ver en televisión o escuchar en la radio el chisme de moda de un artista famoso una y otra vez y una y otra vez? Chisme que, por lo general, en cuestión de días, suele ser desmentido para, más tarde, crear otro que continúe la saga.

Es notorio e inexplicable el contraste evidente que existe entre el esfuerzo por ayudar a la población a seleccionar alimentos sanos en detrimento de la llamada “comida chatarra” (en algunas escuelas, incluso, los maestros orientan a sus alumnos el tipo de comida que deben consumir dentro de la instalación) y la total indiferencia que causa esta otra “lectura chatarra”.

Pensar en la erradicación de revistas comerciales o de farándula es un acto de suprema inocencia, sería igual a intentar eliminar las MacDonald, toda una utopía idealista. En cambio, sí es posible inducir a las personas hacia una lectura constructiva, que aporte valores al espíritu y sirva de apoyo al conocimiento. Son muchos los artículos que diversos autores han escrito al respecto, enarbolando cifras y ejemplos para ratificar sus estudios (muchos de los cuales caen al olvido apenas se han terminado de leer... si corren la buena fortuna de ser leídos), pero es también responsabilidad del estado promover un cambio favorable en este sentido.

Pongamos un caso tristemente gracioso. A finales del año pasado uno de esos artistas famosos, el italiano Tiziano Ferro, fue criticado violentamente por México entero a raíz del ofensivo comentario que lanzara en contra de las mujeres de este país. Tanto la televisión como la radio o cuanta publicación apareciera, vapulearon a diestra y siniestra, no exentas de razones, al cantante.

Sin embargo, no ha aparecido siquiera una nota que reaccione indignada ante los numerosos artículos que dan la voz de alarma por la apatía de los mexicanos a la hora de tomar un libro. Tristemente, parecen aceptar con docilidad esta razón. Y es llamativo en extremo, tal pareciera que no logran comprender la similitud de estas acciones. Mientras aquel italiano califica de feas a las mexicanas, todos esos artículos acusan a los mexicanos de ignorantes.

Otra arista de este complejo dilema, y que ha de considerarse más ultrajante para una buena educación que la banalidad de un manojo de revistas faranduleras, lo conforman ciertos programas televisivos. La Oreja, Famosos en Jaque, Con Todo, son réplicas audiovisuales de aquellas publicaciones. Dosis extra de lo mismo, sólo cambia el formato.

Siendo la televisión un medio de amplísima difusión, se impone una pregunta: ¿es esto lo que pretendemos enseñar a nuestros hijos? ¿Los matrimonios, divorcios, amoríos, infidelidades, groserías, chistes de segunda, en fin, el universo íntimo de una figura del momento? El atropello se multiplica al descubrir que ya algunos de esos “hijos” forman parte de esta maquinaria vergonzante, la propician, participan, y son conducidos a favor de otra maquinaria mayor y verdadera que, ya es harto sabido, sólo busca obtener ganancias de un negocio sencillo y sustentado, básicamente, por un público fácil de engatusar.

Justo por tal motivo es conveniente mantener este público lejos de los principios de la educación. ¿Acaso el sentido de justicia ha de aprenderse de la señora Laura y sus indignantes shows? Un programa que estaría mejor diseñado si ella apareciera con capa y traje de hule, al estilo de una SuperLaura, (no olvidemos que hace indistintamente de policía, detective, abogada, juez y hasta de réferi de boxeo), para complementar una farsa que en no pocas ocasiones resulta notoriamente ridícula.

Quizás por promoverse programas de esta índole es que luego otra horda de embaucadores hallan también espacio. ¿Qué hay de Walter Mercado, Madame Sasú, Celeste, Amira, Misada Mohamed y personajes equivalentes? Quienes no atentan únicamente contra el intelecto humano y su sentido común, sino directamente contra el bolsillo de sus usuarios. Adivinadores de futuros e infidelidades, lo único en que aciertan verdaderamente es en los más de cincuenta pesos que ha de costarle cada minuto de llamada telefónica al pobre infeliz que agarre su teléfono.

Con un entorno tan poco educativo, y desgraciadamente tan difundido, no es de extrañar que, a la entrada de un establecimiento de ventas de mi colonia, un herrero haya escrito un anuncio ofreciendo sus servicios, el cual concluye, literalmente, con un elocuente:

...aprobeche su oportunidad

En realidad, la culpa de esa falta ortográfica no es del sujeto que la escribe. Lo es de la sociedad que le rodea. Carteles con errores tan deplorables como este amenazan con inundar la ciudad a idéntico ritmo que esos graffitis que a tantos molestan.

Siempre, y con razón, se ha dicho que la educación empieza en la casa y no en la escuela. ¿Nadie se ha preguntado dónde termina? Es una interrogante sin respuesta posible. La educación nunca termina. De ahí que el gobierno, en cada esfera, debe preocuparse por cerrar filas ante todo aquello que atente contra la educación y estar conscientes de que en una época donde son realidades diarias las aulas virtuales, las técnicas de aprendizaje colaborativo, la educación a distancia, las teleclases, y demás adelantos pedagógicos, el difícil arte del magisterio no debe quedar minimizado a la expresión de saber leer y escribir tras un conjunto de cifras que lo ensalcen.

La educación, queda demostrado, es mucho más que eso y todavía no es demasiado tarde para reorientar las energías necesarias en pro de auxiliarla. En esté ámbito todos somos uno, así que no lo olvide usted, señor profesor, si verdaderamente el maestro se funde con el alma colectiva de la gente... aprobeche su oportunidad.

 

ARRIBA