A propósito de medallas
Dicen que se esperan cada cuatro años. Me disculpan quienes así lo comenten, pero a excepción quizás de algunos deportistas, pocas personas comunes realmente se sientan a aguardar por las olimpiadas.
Tal aseveración no constituye en modo alguno un atentado contra la valía de este certamen, al contrario, debe ser entendido por elogio pues, a pesar de dicha realidad, los índices de aceptación, seguimiento y consecuente generación de emociones no decae en lo absoluto a nivel mundial.
Este poder de convocatoria es también un arma de doble filo porque inmediatamente se presta para fines que poco le deben al deporte. Ya es harto conocido que China intenta encubrir con medallas las violaciones a los derechos humanos y la total ausencia de libertad de expresión, mientras tanto, otros países acuden al poder económico para sustentar éxitos en la lid.
Azares van y azares vienen. La lesión sufrida por el atleta chino Liu Xiang, antiguo campeón olímpico de ciento diez metros con vallas y que le impidió defender su título de hace cuatro años, constituyó una verdadera lástima no sólo para la nación asiática sino también para el resto de los convocados que intentan subir al podio por méritos propios y no a causa de accidentes ajenos. Todo lo contrario podría decirse en el caso de la ciclista española María Isabel Moreno quien fue marginada de los Juegos Olímpicos después de dar positivo por uso de una sustancia prohibida en un control de dopaje. Error que también cometieron la vietnamita Thi Ngan Thuong Do y el norcoreano Kim Jong-Su, este último incluso se convirtió en el primer atleta obligado a devolver sus medallas.
La perspectiva en dichos casos varía diametralmente. Aún sin participar el chino mantiene la dignidad, algo que no se puede decir del resto y que los medios de comunicación se tomaron el trabajo de difundir.
Estos otros —los medios— también se hacen de su mascada y a pesar de que el tiempo de comerciales se reduce, los precios se disparan. No importa si se desempeñan bien o mal en las transmisiones. He ahí los tristes ejemplos de Televisa y TV Azteca que, por intentar cubrirlo todo terminan por no mostrar realmente nada. Es sabido que tras su “buena intención” hay una serie de compromisos imposibles de ser soslayados pero, por favor, mínimo intenten realizar un trabajo digno que de pie al entusiasmo, sobre todo en los deportes por equipos que suelen ser un poco más demorados y pongan cota al popurrí de imágenes con que pretenden resaltar su faena diaria. Sin contar la chapucería humorística que acorta costosos minutos y lacera la exaltación que por sí misma, nos depara cada competencia.
No olvidemos que al final de la jornada, no son personas quienes obtienen primeros, segundos, y terceros lugares. Las preseas puede que cuelguen en sus cuellos, pero los nombres que no se olvidarán serán las de sus naciones y, en ese sentido, da igual si se menciona por el valor de un deportista, la chapucería de un trabajo o la vergüenza que causa el dopaje.
Ese es el verdadero valor que ha estado en la balanza y el que se sucederá en los próximos ciclos. Atletismo, boxeo, natación, no importa cuál… significa la puerta a diversas culturas, regímenes políticos, religiones que se dan la mano, curiosamente, siempre que se tienen por contendientes.
E insisto, pocos —por no decir nadie— realmente esperarán cuatro años para el arribo de los próximos juegos olímpicos, sin embargo, la inmensa mayoría —ahora por no decir todos— se verán envueltos y seducidos por la magia que este magno evento impone y que, desde ya se puede asegurar, dejará a los ingleses sin tiempo ni hálito para su ceremonia del té. |