Siempre he leído o escuchado decir cómo las personas llegaron al periodismo y la forma en que algunas de ellas se convirtieron en importantes líderes de opinión. Creo que nadie jamás podrá referenciar algo así de mí. No sólo por la sencillez de mis colaboraciones que me mantendrán a salvo —prefiero asumirlo desde esta perspectiva— de la supremacía crítica y discursiva en cualquier tópico, sino porque sería mentira sugerir que Edgar London se acercó al periodismo gracias a su interés o acuciado por propia voluntad. No puedo negarlo. En el mejor de los escenarios habría de confesar que el periodismo, en todo caso, fue quien llegó a mí.
Un poco de suerte, otro de necesidad, provocaron el encontronazo y, de la misma forma en que el pichón, al caer del nido, descubre que puede volar, me sentí agradecido de moverme por un territorio que de buena gana aceptaba que yo lo transitase. Desde entonces me han brindado la oportunidad de colaborar con diversos medios de comunicación nacionales e internacionales, en algunos de los cuales tuve incluso la suerte de ocupar puestos destacables dentro su consejo editorial o equipo de realización.
Entre los principales periódicos y revistas para los cuales he trabajado se encuentran*:
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