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Sin excusas: ¿se hace o no se hace?
Espacio 4 - 3 de enero de 2017

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Cada inicio de año trae aparejado consigo otros despertares. Para comenzar, se imponen metas que a veces no son tan nuevas como debieran, pues buena parte de las veces se trata de un remake de los propósitos que nos planteamos el diciembre anterior —y no cumplimos—. Asimismo, generamos una especie de recuento sobre nuestro proceder en el ciclo que recién termina. Ahí, casi siempre, solemos cargar los dados a favor de los éxitos y disimulamos nuestros pequeños fracasos. Sin olvidar, por supuesto, las perspectivas que trazamos en el orden familiar, social, político y, ¿cómo desecharlo?, económico. Se trata de esos factores que no podemos conciliar o evitar, al menos de forma directa, pero que sí tienen repercusión en nuestra existencia.

Pongamos un ejemplo sencillo, ahora mismo, poco antes de escribir estas líneas, no encontré una sola gasolinera en Saltillo que pudiera abastecer mi moto de combustible. Inmediatamente, regresan a mi cabeza las carestías que, hace alrededor de una década, constituían para mí el pan nuestro de cada día —lo del pan representa un eufemismo, porque también escaseaba— en Cuba, mi tierra natal. Pareciera que un sino avieso y retorcido me persigue, como cábala que sentencia “a donde quiera que vayas, la crisis irá contigo”. Y sí, por más que me esfuerce, ese lastre me acompaña. Mi superación personal nunca alcanza a despuntar sobre los avatares que el entorno se empeña en imponerme. Dicen amigos y no tanto que las dificultades me ayudan a crecer —sospecho que lo habrán sacado de algún libro de autoayuda—, pero a este ritmo mi estatura superará a las de Gargantúa y Pantagruel.

Avisto el año 2017 con cierto resquemor. Si hoy, en términos de remesas, he de enviar más del doble de pesos mexicanos para que llegue la misma cantidad de dólares a mi país. ¿Cuánto más habré de trabajar después que Donald Trump vacíe sus maletas en la Casa Blanca y la moneda nacional acelere su caída? ¿Acaso el actual desabasto de gasolina en México es una probadita de lo que viene? ¿O debo creer las versiones del gobierno cuando inculpa esta escasez a tomas clandestinas, retrasos en maniobras portuarias, mantenimiento a los ductos o quién sabe cuál otro argumento de corte exprés? Eso, sin contar los recurrentes anuncios del alza a los precios del combustible.

El problema es que, si obviamos —por estar muy lejos de nuestro alcance una posible solución— las hecatombes internacionales e, incluso, las nacionales, el panorama no mejora mucho en el ámbito local. En Coahuila las cosas van de mal en peor. En cuanto a mí, la ironía resulta evidente: escapé de los hermanos Castro, para caer en las garras de los hermanos Moreira.

Los efectos de la megadeuda la estamos sufriendo todos los que vivimos en este estado. Basta echar un vistazo a las pésimas condiciones de infraestructura que sufren los municipios y el retorno —si es que alguna vez se marchó— de la inseguridad a lo largo y ancho de Coahuila, donde, por si no bastara, amagan con ser más las denuncias contra los agentes del orden público que contra los propios delincuentes. ¿O será que el uniforme ya no sirve para distinguir a unos de otros? Y mientras Rubén Moreira bombardea cifras a los medios de comunicación para avalar su gobierno, el hermano, Humberto, amenaza con volver al escenario político de mano del primer partido que lo respalde y sin importarle a quien se lleva a su paso, lazos familiares incluidos.

Sin embargo, este año puede ser histórico para Coahuila. Quizás no podamos evitar los sinsabores que Donald Trump nos tiene reservados en Estados Unidos, pero sí evitar el cacicazgo que la familia Moreira pretende extender en la región. Para nadie es secreto que Miguel Ángel Riquelme no pasa de ser un prestanombres de Rubén y, de hacerse con la gubernatura, está tierra continuará siendo el paraíso de la delincuencia organizada, los impuestos se irán a satisfacer los intereses de una deuda cuyo capital permanece inmune y seguirá la opacidad en las cuentas públicas y el saqueo de las arcas del estado para favorecer intereses personales con la venia de un congreso ruin y coaptado. Opciones hay para hacerles frente a Humberto, Rubén y su delfín, Riquelme. Lo importante es que los coahuilenses despierten de su letargo y asistan a las urnas para, con el voto —la más efectiva herramienta de la democracia— saquen del gobierno al PRI y sus acólitos. No esperemos por un proceso “natural”, sino político y redentor. Sé lo que les digo. Recuerden a los otros hermanos, los Castro. Fidel aguantó 90 años. ¿Eso quieren esperar?


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