El Hidalgo no toma Partido 1
Réplica a los editores del Sitio Web del Partido Social-Revolucionario Democrático de Cuba
De banalidades está hecho el mundo.
La diferencia entre los grandes acontecimientos y aquellos considerados de menor alcance, viene generada en muchísimos casos (sino en todos), por la acumulación caótica de rasgos, no siempre consustanciales, que han de caracterizarles y en ocasiones, ¿por qué no? desvirtuarles. Si entendemos cada fenómeno como un hecho enmarcado entre causa original y propósito, agregándole por demás el contexto inherente que lo acentúa o atenúa según convenga, habremos de acordar que nuestra impresión final, juicio o cualquier otra tendencia de índole personal o multitudinaria a la que pudiéramos ser arrastrados, le debe bien poco al fenómeno en sí.
Si afirmara, a continuación, que una obra literaria supera las fronteras del entorno en que fue creada o que el nombre de un artista sobrevive a su portador nada significativo habría dejado al pie de este gigante o molino que siginifica la aprehensión del arte. Si para colmo individualizáramos esta obra, aún genérica, en el Hingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha2 y, consecuentemente, tomáramos a Cervantes por mote demostrativo, el consenso ya sería general.
Esta segura noción la hice extensiva (tildarla de pública me parece superfluo) en cierto artículo que fue publicado en el número 309 de El Caimán Barbudo y que hoy resulta ser el punto álgido de este otro: Afirmar que el Quijote sigue presente en nuestros días puede pecar de ridículo por lo obvio de un razonamiento tan generalizado (...)Basta hoy navegar por Internet, un mundo hecho a la medida del propio Quijote, para hallar cientos y cientos de sitios que abordan y pretenden dilucidar la obra de Cervantes así como su vida. Don Quijote en castellano antiguo, Don Quijote en multitud de idiomas actuales, Don Quijote en versiones populares, sagas de Don Quijote, Don Quijote para niños, estudios narratológicos de Don Quijote, Don Quijote ilustrado, Don Quijote en el séptimo arte, Don Quijote en series televisivas, Don Quijote en óperas...
Sin embargo, por ironías de este mundo nuestro, aquella verdad habría de converger sarcásticamente sobre mí, quizás para tenerme al tanto de que las palabras no siempre se las lleva el viento. El sino de Cervantes, a la par de su nombre u obra mejor, insiste en perdurar tras la muerte, los siglos y las innumerables famas. Otra vez el plagio, la acechanza de una continuación burlesca lo persiguen, ya no en el cuerpo voluminoso de los cientos de páginas que conforman las aventuras de sus personajes sino en el escamoteo abierto y la recelada manipulación del pequeño (pero bien intencionado) ensayo que antes citaba: “A la vuelta del Quijote”.
Siguiendo la actitud del manco de Lepanto que rápidamente, y sin mayores dudas, retornó a la pluma para hilvanar una segunda parte de su Hingenioso Hidalgo ante la amenaza de que otro escritor, con seudónimo Avellaneda, se adueñara de su historia, me parece razonable asumir estas líneas a partir de la libre potestad que términos legales, opinión pública y el sentido común han de conferirme cuando se trata de escudar mi propio trabajo ante la rapacidad de que ha sido objeto. El ensayo en cuestión, escrito con el ánimo de rendirle homenaje al Día del Libro Cubano, tan merecido, como habría de reseñarlo Fernando Rojas, tiempo después, resulta que lleva más de un año formando parte de la sección Ateneo de ese ente abstracto, con seudónimo Partido Social-Revolucionario Democrático de Cuba, y que aparece en su sitio en Internet.
Mi asombro, sospecho, ha de equipararse con el de Cervantes cuando recibió la noticia de las malas intenciones del señor Avellaneda. Mi irritación, no obstante, se me antoja todavía superior.
No me son desconocidas las intensas ofensivas de algún colega mío que reacciona, poseso, ora contra cualquier reseña que yo hiciera y no se adecuara a su ego; ora contra declaraciones que esgrimiera en algún evento; ora contra un juicio público no importa si el entorno era propicio o evitable. Estos avatares, lejos de molestarme, los considero oportunos y hasta justificados, y a ellos suelo anteponer mi criterio de que la literatura es algo que debe hacerse en serio, pero no tomarse en serio.
No obstante, los límites han de enmarcar nuestro rumbo, y la desfachatez de los editores de este sitio ha sobrepasado con creces cualquier llamado al más leve tino. No se trata solamente de la apropiación y el uso de este, mi ensayo, sin antes contar con el consentimiento de su autor pues nunca fui notificado en modo alguno del uso que le darían sino que, en un exceso de falta de ética, el artículo fue burdamente manipulado, truncado a conveniencia y lo que es más bochornoso, ni siquiera se tomaron la molestia de transcribirlo correctamente.
Una sencilla acotación que diera cuenta de la fuente de donde lo tomaran, indicando, por supuesto, que se trataba de fragmentos, habría menguado la obligación de una respuesta al insertar la acción en ese caos aglutinante de las citas y referencias, y salvando, al menos hasta cierto punto, el conflicto de la desleal apropiación. Lejos de ello, se tomaron la libertad de suprimir cuanto les vino en ganas, desde frases aisladas hasta páginas enteras, de acuerdo a un criterio de selección que de idéntica manera pudiera responder a un dislocado enfoque editorial que a uno político, propagandístico o comercial pues me niego a creer que trataban de ahorrar espacio cuando el medio utilizado no era el clásico papel impreso (sujeto a restricciones) sino un sitio Web, posibilidad virtual que, por años de profesión, conozco lo suficiente y puedo asegurar que una o dos páginas extras no representan problema alguno.
Las consecuencias de tan poca profesionalidad atenta lógicamente contra la integridad del ensayo, lo desequilibran, cabría decir que lo convierten en un duplicado mutante. El lector potencial de este nuevo Quijote frankesteiano pudiera preguntarse, por ejemplo, a qué viene mencionar, casi al término, los estilos de Menard, Eco o García Márquez, que parecen conejos sacados de un sombrero (ciertamente no mío). La respuesta yace en esos vastos fragmentos eliminados. Igualmente, la presentación que ellos añadieran al artículo (porque olvidaba mencionar que también agregaron una suerte de párrafo introito al ensayo ¡dentro del ensayo mismo!) asevera que “A la vuelta del Quijote” es un trabajo donde Edgar London analiza la vigencia de esta obra en la actualidad y su influencia en la literatura contemporánea. ¡Error! No es en este ensayo sino en el otro, el original, donde aparece un breve esbozo de la influencia del Quijote en la literatura moderna porque en ese que ellos modificaron, con sus mañas de cirujanos, extirparon (sí, otra vez) las elucidaciones que abordaban el tema.
Por otra parte, me parece grotesco la inserción de un trabajo literario cualquiera en un sitio tan poco literario y cuya proyección, eminentemente política, obstruye el buen entendimiento de aquel. Con mayor razón se hacía imprescindible contar con la anuencia de su creador, lo cual involucra necesariamente, su consabido dogma correligionario.
Entonces, parafraseando parte de su inusual prólogo, me pregunto: ¿Si con sus aventuras el Quijote y Sancho obtuvieron la gloria y el andar entre molinos de viento; el lector, los consejos en las recomendaciones del escuálido caballero y Cervantes, el privilegio de haber concebido el héroe más representativo de la lengua española; qué me han legado, los editores del Sitio Web del Partido Social-Revolucionario Democrático de Cuba? ¿Acaso esta manipulación burda de mi trabajo, corolario de extensas e intensas pesquisas? ¿Una publicación mediocre que nunca hube de solicitar? Gracias, pero yo, sutil hidalgo, no tomo partido en ello.
Que el Quijote, estudios, trabajos o cualquier comentario conexo se agregue a ese mundo nuevo que es Internet (por encima de Alejandría, la verdadera biblioteca universal), y que ya resaltaba en el ensayo primero (y único a mi entender), lo considero, no sólo probable sino inevitable. Ello, empero, no debe justificar que se piratee el trabajo intelectual de escritor alguno, mucho menos si es con fines, insisto en mi caso particular, nebulosos.
Una acción similar a esta, que en otras circunstancias podría haber sido tildada (especialmente por mí) de insignificante, adquiere otras connotaciones, molestísimas además, y pierde el carácter banal que señalaba al principio de estos razonamientos. El entorno y el modo que rigieron la propagación de mi ensayo no me son agradables en lo absoluto y sobre esta base, los rechazo.
Tal y como debe entenderse en literatura, una obra no es sólo historia, también es discurso. Es intención. Por tanto, sin apartarme de este principio básico, agrego que la finalidad de dicha obra puede ser socavada de acuerdo al medio que lo acoja. Solicito, de esta forma, que se retire mi artículo de la sección Ateneo del Sitio Web en cuestión y, exhorto a que se respete en un futuro la propiedad intelectual y el derecho que nos pertenece a nosotros, los autores, de publicar donde nos plazca y acepten.
Si, a pesar de ello, insisten en conservar mi ensayo en sus dominios, es conveniente hacerles notar que, a menos que se busque una intencionalidad determinada (ausente y sin cabida en este caso), por regla ortográfica después del punto viene una mayúscula, que no alternen Quijote con quijote, que en mi ensayo original no desconozco el húmero sino el número que acogió Cervantes, y finalmente, por respeto al insigne escritor, este vio afectado su brazo en la batalla de Lepanto no de levanto.
Plagien correctamente.
Sin más,
Edgar London
La Habana, 28 de febrero de 2004
1. Que tenga conocimiento, esta fue la primera ocasión en que alguien hacía uso de mi trabajo sin previo consentimiento, alterándolo además a su conveniencia. Términos ideológicos y políticos aparte me sigue incomodando la manipulación de mi ensayo “A la vuelta del Quijote”, especialmente de manera tan burda. Basta comprobar que los errores citados al final, de manera casi increíble, siguen vigentes y esperando a ser corregidos más de cuatro años después de que los señalara. Lla carta fue incluida en una edición digital de El Caimán Barbudo, en el año 2004, y esta reproducción electrónica la hago pública en mi sitio web en diciembre de 2008, fecha en que pude comprobar que el texto plagiado seguía intecto. Sabrá Dios que otra quijotada me aguarda.
2. Así, con H en "Hingenioso", como apareció la primera vez.
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