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Edgar London
 
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PortadasLo confieso: escribo porque no puedo evitarlo.

Soy perfectamente capaz de poner en duda mis convicciones políticas, mis habilidades académicas o mi agnosticismo desmedido, pero no el reclamo que me llevará, tarde o temprano, a enfrentarme a una hoja en blanco.

Aprendí —entre años y caídas— que la verdadera literatura no se desperdicia en libros. Mejor se emplea en truculencias y amores que luego pudieran fenecer en volúmenes inciertos.

Antes soñaba con multiplicar títulos a mi nombre. Hoy, en cambio, me conformo con restarle urgencia a mis palabras.

De esta suerte soy consecuencia. Espero, de las letras, hacerme causa.

Jamás me sentí más cubano que en el extranjero

 

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¿Sabías que...?
 

Edgar London vendió una frase de su cuento "Tiempo de inocentes", perteneciente al libro (Pen)últimas palabras para sortear la censura. El fragmento "Otra caja para rellenar, otro sonido de trompeta", originalmente decía "Otra caja para rellenar, otro sonido de trompeta y otro nombre anotado en Las Gloriosas Páginas de Nuestros Mártires". A cambio de cien pesos permitió la supresión de la última parte. A fin de cuentas, era eso o nada.

 
 
 

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